Abuelo

Hola yayo, abuelo.

Realmente nunca se cómo llamarte, ya que nunca tuve oportunidad de pronunciarlo. Solo puedo decirte que te encuentro en los ojos de la yaya, en los de la mama, en el brillo que dejas cuando hablan de ti, de tu sonrisa, de tu modo de hablar o de ser, dejando huella, sonrisas, lagrimas, felicidad y dolor, por tu partida.

Sé que no te conocí, me hubiera encantado, realmente odio que me digan como eras y yo no poder dar mi opinión, no poder saber cómo era tu voz, o a que olían tus abrazos, pero puedo decirte que te quiero con locura, en lo más profundo de mi ser, ya que solo en pensar en ti se me pone un nudo en la garganta y en escribir estas letras rompo a llorar. Pero he de agradecerte las personas que me has regalado, las personas que te queremos, gracias a ti tengo a mi madre y eso es mucho para mí, gracias a tu romance con la yaya a la familia que creaste.

Siempre he cometido errores, siempre he pensado que me escuchas cuando hablo, que me cuidas y me proteges como mi ángel de la guardia, te quiero abuelo. Hoy nada más ni nada menos es navidad.

Ya he crecido, y eso me provoca más lágrimas aun, todo lo que ha cambiado todo, todo lo que he vivido. Siempre lo he sabido, pero cada vez cuesta creer que esto es lo que hay. Me gustaría haberme quedado como Peter pan, pero con 18, a sin podría conducir.

Encantaría escribirte mil hojas, pero realmente nos que contarte en este papel. Me pasado años mirando la hoja en blanco pensando en que podría decirte...

Te miro de noche, el cielo despejado, en lo más abierto del balcón, siempre que oscurece pienso en ti, y entonces te miro, la estrella más brillante del firmamento, iluminando mi camino, en aquella estrella de luz envuelta en pura oscuridad, protegiéndonos, cuidándonos, la misma que cuando partiste la cuca le hecho la bronca sin miramientos pero con sueños rotos en cada lagrima que se desbordaba sin más... Realmente he intentado escribirte miles de veces, pero nunca me salían las palabras. Que decirte. Ojala pudiera decir que te echo de menos, pero no es mi suerte. Mi maldición fue no conocerte; te conocí en fotografías antiguas, esas que la yayona tiene siempre puesto en la pared, o en vuestro álbum de bodas, al cual ahora está lleno de positas pequeños para hacer fotocopias y poder ponerte en la pared y siempre verte en frente. Como la foto que guardo en mi monedero o la que está en mi mesita de noche. Aun sigues vivo, latiendo en todos y cada uno de nuestros corazones, aun te recordamos en navidad, sintiendo el vacío que dejaste, pero no olvidando la alegrías efímeras que obtuvimos, sobretodo la mama, siempre que habla de ti sonríe por el recuerdo y con ese brillo a los ojos que termina siendo un resplandor en llenos de lágrimas que al final no acaban por salir. Mientras el papa siempre te recuerda como el mejor, puesto en un pedestal, de ahí nadie te bajara, y tu perdida aun le sigue doliendo, lo veo en sus ojos, en el dolor de sus versos, y el arrepentimiento en su cara de no haberte disfrutado más. La cuca, tu niña, yayo ella, siempre que te recuerda sonríe pero se pone triste, triste porque no te tiene y como ella, el tato también, siempre fue tu niño, tu guerrero, la bici que les regalaste el que se convierto en tu ultimo regalo, lo tenían guardado detrás de casa en ese cuartillo, como un tesoro. Las cuidaban tanto que al día de hoy las siguen guardando de una sola pieza. Supongo que por ello tato siguió montando en bici y de la bici a la moto, porque le regalaste la primera para empezar su camino y también porque al papa le encanta y ya le empezó enseñar hasta donde está ahora, que es una de sus pasiones. Y yo que siempre me tuvieron que contar como era todo de ti, tu voz, ese flequillo rebelde y tu acento andaluz, me han contado tantas cosas de ti, tantas anécdotas, pero a mí me duele no haber podido tener tiempo, no saber lo que era mirarte, no poder verte sonreír y saber que nunca estuve en tus brazos pero estando en mi corazón, recorriendo mi ser por cada vaso sanguíneo. Mientras miro al cielo estando a 900metros de altura con la esperanza que puedas oírme, con la esperanza que estés guiándonos, cuidándonos, con esperanza de poder tener un pedazo de ti.

Y tan solo me queda decirte que gracias, gracias porque a pesar de todo siempre te he sentido cerca, siempre has estado conmigo, cierto o no, no quiero saberlo, ¡porque lo sé! Miro al cielo y cuando veo aquella estrella sé que nos estas protegiendo, cuidando; o eso es mi esperanza, mi fe y mi fuerza. Como las noches después de rezar darte las buenas noches, o las noches en el balcón de casa la yaya mirando esas estrellas fugaces que lanzabas para mí. Te quiero abuelo. Porque no necesito conocerte para quererte, pues tú me regalaste lo mejor, esta familia que creaste, pues sin ti, no hubiera conocido mejor tesoro, porque pesar de no saber ni como era tu aroma, sé que seguimos las tradiciones que tú nos inculcaste, y por ello tenemos la tradición de irte ver cada año, aún seguimos sintiendo el dolor, pero sonriendo por almenas haber formado parte de esta familia.

Tu bitxo. Que siempre te piensa aunque no pueda recordarte.