Ojeriza envenenada

La balanza; por un lado, la indiferencia, por otro, la preferencia. Todos unidos, somos como manadas en patrones, unos nacen con privilegios y otros luchan por tenerlos. Pocos son los que lo disfrutan sinceramente. Pues la preferencia, tiene un valor oculto, lleno de veneno, que nace sin poder detenerlo, al cual lo nombraron "envidia". Multitudes de envidias existentes, puede ser envidia por materialismo, por personalidades, o conductas; la envidia es como el pan de cada día, hay quien se encuentra, hay quien lo oculta, y luego están los que mantienen la bestia entre los dientes y solo muerden cuando les das la espalda.

Cuando se trabaja de cara al público rodeados de gente, de idas y venidas constantes pasando de uno a otro, llega un momento que conoces a la gente más cotidiana de ese lugar; y en ello mi visión; pues encontré gente fascinante a primera vista pero al conocerlos, tan solo era un disfraz de la más desagradable que puede ver en una persona nada más que una facha bonita mientras por dentro su alma estaba podrida. La naturaleza de cada uno oculta el mejor de uno mismo pero también el peor. Pues solo encontré personas sin alma. Personas con sonrisas en su mirada, mientras sus ojos yace el veneno de su envidia, de su ego, entonces te miran de arriba abajo, estudiando tu conducta y tu comportamiento, buscando defectos para nombrarlos, y al parecer si no hay alguno, lo suficientemente destructivo entonces, empieza el juego y al turno a la imaginación y la soberbia, inventando para hundirte, mientras se humillan así mismos. Pues la amistad a veces es camuflada por una maldad; intereses oculto. Hoy en día no encuentro a nadie que te quiera por cómo y quién eres, sino por lo que tienes, tan solo falsos entre sonrisas, mientras un buen día es nombrado, simulando con unas buenas palabras sin embargo por dentro piensan en lo mucho que te desprecian, mirando por encima del hombre, creyéndose superiores al resto. Y entonces a la mínima equivocación, las críticas prenden fuego, mientras unos y otros empiezan la partida aumentando su ego, alimentando la bestia que tienen dentro, intentando discutir quien obtiene la razón. Actos sin alguna finalidad agresiva. Al momento me desvanezco y un constante cuchicheo se enriquece del silencio que había en ese momento, pero al volver aparecer el silencio gana la batalla. Pues la apuñalada te la hacen a la espalda porque a la cara no tienen el valor suficiente para hacerle frente y así callarles a versos. La ingratitud e insatisfecha, es el ganador de la partida, cuando las personas se centran más en lo que desean que en disfrutar lo que se tiene. Puede que por ello, deseamos tanto, y a veces perdemos más de la cuenta. Pues yo perdí la credibilidad antes los humanos, no es nada más que un rebaño de mentiras y egocentrismo, un mundo donde la mentira va por mano, la verdad y la sinceridad no tienen valor, pero todos desean la sensación de no ser engañados, traicionados, ni apuñalados, cuando ellos son los primeros que lo hacen. No obstante lo peor que adquiere la envida, es cuando te arrebatan la felicidad de tus días, pues todo aguantamos hasta no poder más, y ahí explotamos dinamita a versos con alguna que otra voz estridente, perdiendo la paciencia al contemplar esa falsedad e hipócritas que son algunas personas. Y por el momento, el único antídoto a esta enfermedad es tan solo que una aceptación de lo que tenemos y poder ser felices con ello, porque al fin y al cabo, todos tenemos nuestra historia, nuestros momentos, y todos podemos tener envidia de algo o alguien, o celos por algo o alguien, pero esas sensaciones no se pueden convertir en una obsesión porque asin, lo único que termina el juego es dejando tu vida más vacía de lo que estaba. Y ahora es cuando entiendo la frase de Sócrates que decía así, cuando le preguntaban por su conducta "Me encanta ver tantas cosas que no necesito para ser feliz"...

Porque aquí, en este rincón, las matemáticas no tienes sentido, porque a veces más es tan solo menos...