La ciudad

El pueblo unido, las calles repletas, fiestas en las que nos juntamos y disfrutamos, y batallas que luchamos codo con codo, días cotidianos o días señalados por un calendario, como una pequeña gran familia. Rellenando el asalto de pura vida, dolor y justicia. Salí de casa aun sabiendo lo que ocurría, las fiestas del pueblo, las calles cortadas y llenas de paradas. La multitud de la gente, las risas de los niños en los castillos hinchables, el deseo de poder disfrutar como ellos, caballos, ponis, que daban paseo por un pequeño sendero, juegos a los que ganar, peluches de recompensa. Paseo de las paradas, de joyas y adornos del hogar, la colección de motos y el rincón a distintos aromas, embutido, pollo recién echo al as.... Estuve esperando casi todo el día, mi hermana me acompaño, estaba en frente de la salta camas, entonces me descalce y empecé a saltar sin razón, la alegría inundaba mis sentidos, como si hubiera echado marcha atrás en el tiempo y aun sentía esa felicidad de adrenalina recorriendo por mi ser. Mi hermana y yo disfrutamos de todas las camas elásticas, y sin pensar disfrutamos en mitad de la carretera si ni quiera importar quien pudiese vernos, tan solo la locura estallando...