La princesa y su amigo el dragón

Sant Bartomeu del Grau (reto Sant Jordi)



Antaño en un pequeño pueblo Catalán en mitad de una hermosa y alta montaña, lucho con valentía un honorable príncipe y caballero llamado Sant Jordi, liberando a todo el reino y la hermosa princesa de las garras de un terrorífico dragón.

El tiempo siguió su curso y el príncipe se casó con la hermosa princesa y coronado como reí del pueblo.

Todos los años el mismo día que venció al dragón se celebraba tal victoria, el pueblo salía a la calle con paradas de libros y rosas... Y al atardecer un baile era celebrado.

Con el tiempo una hermosa princesa nació y con los años fue creciendo.

Ella cansada de escuchar la maldad del feroz dragón catalán, decidió salir al bosque en busca de la verdad, o tal vez, de huir de aquella celebración.

Recorrió por un sendero apartado y tapado con zarzas, apartándolas empezó adentrándose en la profundidad del bosque. Donde encontró un hermoso lugar donde halló unos rosales enormes, con rosas hermosas y rojas, muy rojas... Creyéndose la leyenda de su padre y haciéndola soñar al acariciar pétalo más suave que la seda.

Entonces volteó su mirada se asombró al ver la cueva, la famosa cueva donde el dragón se refugiaba.

Y lo más escalofriante es que ella le encantaba, soñaba en ese rincón donde ella sentía que aun residía magia...

Durante varios días, cada tarde iba aquel lugar, puede que solo a tumbarse y mirar el cielo, a leer o incluso escribir mientras observaba aquel hermoso paisaje...

De la nada un día sin más se pronunció un ruido salir de la cueva, al acercarse vio unos ojos grandes, parecía los ojos que su padre describió en su historia, pero el dragón era más pequeño de lo que se lo había imaginado... Asustada tropezó cayéndose al suelo, haciéndose una herida. En aquel instante el dragón se acercó lentamente y le lamió la herida, su saliva terminó por sanarla.

Desconcertada le acarició y el ajustó, se hecho a un lado de ella. La princesa vio y sintió el amor y la bondad de aquel animal.

Así que le empezó a leer un libro que llevaba. Poco a poco, día a día, se fueron conociendo entre versos, risas, juegos y acaricias... La princesa se pasaba más tiempo en el bosque que en el pueblo y uno de sus compañeros le enveneno la curiosidad, espero horas mirando por la ventana hasta ver la princesa irse hacia el bosque y el la persiguió. No sabía dónde iba, era un camino que ni el conocía. Hasta que llegaron, pero él no se creía lo que observaba. Su instinto fue coger un palo e intentar defender la princesa. El dragón contento creyéndose que quería jugar, lo cogió con la cola el palo y lo lanzo, él se dirigió hacia él, pero entonces lo cogió con la cola sin que pudiese moverse.

Miro a la princesa con ojos de ilusión, pero ella mencionó que soltase a su amigo o no iba a leerle el cuento. El niño quedó liberado, pero el cabreado rogó y exigió a la princesa que debía contárselo al reí Sant Jordi.

La princesa se negó. El niño mosqueado lanzo una piedra algo afilada al dragón, puede que su intención fuera demostrar a la princesa la cara terrorífica que siempre le contaron.

Le causó una pequeña herida pero suficiente para derramar una gota de sangre al suelo donde broto una hermosa rosa.

El dragón cogió de nuevo al niño con su cola y se lamió su herida para que se cicatriza se, el niño asombrado de ver el dragón tan calmado. La princesa esta vez no defendió al niño, se sentó en una de sus grandes manos y empezó a leerle el cuento.

Al fin el niño vio la bondad, puede que la leyenda hablase de un dragón malvado y egoísta pero no era el mismo dragón que en frente tenía, el secreto de la princesa permaneció en secreto incluso aquel niño...

Después de algunos meses la reina decidió ir a por flores al bosque, el dragón pensando que era su princesa salió contento de la cueva, la reina al ver el dragón rememorando, gritó y los pájaros salieron de las copas de los árboles, el rey Sant Jordi, escuchó el gritó, cogió una espada y el primer caballo que se encontró en busca de su reina. La princesa también lo escuchó así que recorrió el camino más corto que ella conocía.

Una vez más, el reí Sant Jordi se encontraba frente a un dragón. Desenfundó su espada y a un instante de matarle se escucha un "no" que retumbó todos el bosque, y más pájaros salieron volando, el rey y la reina reconocieron la voz de su hija y ella se interpuso entre su padre y el dragón.

Pero Sant Jordi reí, príncipe, caballero o tan solo el hombre que hay debajo la armadura no quería arrepentirse y perder a su hija, y creyendo que la defendía...

La espada silbó al moverse y zas! Le clavo la espada en una de las piernas de aquel dragón. La princesa pensando que el dragón era muerto lloraba y gritaba al ver el rosal salir de la pierna herida.

Sus padres sin saber que ocurría intentaron consolarla. Al fin su hija le cuenta lo que vio, sintió y vivió con aquel dragón, y antes que terminara se escuchó un ruido de patitas en la cueva... Varios bebés dragones salieron y empezaron a lamer la pierna y la cara del dragón, seguía vivo y a pesar del dolor se incorporó, entonces el rey Sant Jordi le otorgó una venda echa de camisetas y la ayuda necesaria para curarle. La herida cicatrizo y los pétalos de rosa cubrían la cicatriz como una segunda piel.

Con el tiempo pudieron convivir, pues la felicidad de su princesa y que estuviera a salvo siempre fue el afán del reí Sant Jordi.

El dragón custodiaba la princesa pero también al revés, solían cuidarse al uno al otro... Juntamente con el niño y todos los aldeanos... pues ahora el dragón ya no atormentaba al pueblo sino que lo defendía...

#StJordiSBG #SBGActiu