Amor, el ingrediente mágico

La felicidad en el rostro de un recién nacido, los abrazos, el amor que va creciendo por momentos, los primeros pasos al andar, sus primeras palabras, la costumbre de ir correteando de un lao al otro de la casa, la emoción al ver algo que le encanta. El amor es el acto más puro y sincero que puede brindarte una madre, un padre, o un hijo. La felicidad de compartir momentos de risas, y locuras, los días de parque, o la piscina en la terraza. El compartir el amor y la recompensa de que te llame papa, o mama. O mejor aún la bendición de los padres que te ha tocado. De la familia que has recibido.

Mientras te diviertes, bailas, y ese niño va creciendo. Los días pasan y las aventuras cada vez van a mayor, días en la playa, aventuras entre cascadas, ir de pesca o tan solo quedarse en casa y jugar algo todos unidos. Tardes de cine, y saber que cuando te caes estarán para apoyarte, que cuando te equivocas te mostraran una salida, aunque no tiene por qué ser la única.

El amor de los padres a sus hijos, son la mayoría un amor desinteresado, un amor incondicional. Que va más allá del tiempo. Y a pesar que es el primer amor que sentimos también es el dolor de cuando uno abandona la casa, y se aleja de la familia. Es la fortaleza y la debilidad en dos personas.