En la cueva oscura

Recorríamos estas montañas todos los veranos, mis cinco amigos y yo entrabamos en unas cuevas el último día para disfrutar de lo que nosotros llamábamos guarida. Tan solo éramos unos niños jugando. Con los años dejemos de ir... Nos distanciamos. Pero yo deseaba volver a esa cueva en busca de la caja que enterramos con recuerdos de esos tiempos. Tal y como prometimos que haríamos en cuatro años. Tan solo estaba yo. Pero fui. En el camino después del tiempo apenas se veía, las enredaderas habían crecido y no parecía que alguien hubiese pasado por esos senderos. Al poco tiempo pude ver una de las entradas que utilizamos, pero al entrar nunca me imaginé lo que halle. Un laberinto oscuro, siniestro quizá, todo había cambiado en el interior de aquella cueva. Los susurros eran endemoniados. Pero en la profundidad podía observar un rayo de sol cruzar entre las rocas y voces gritando, parecían ellos. Podía escucharlos pero no los veía. Acerque a pedir auxilio pero solo era llevado por la cueva como un eco, podía ver murciélagos huir, en aquella profunda oscuridad unos ojos se movían acercándose, el temor era por todo mi cuerpo el miedo me invadía y de los nervios que sentía apenas podía encender la luz de la linterna, cuando por fin lo conseguí al voltearla los ojos habían desaparecido, sentía que no saldría de ahí.