Bailando

Conocí a Jessica hace mucho tiempo, des de la niñez ella adoraba el ballet y la danza clásica, era una de sus pasiones, todos los días practicaba. Por su diecisiete cumpleaños le regalé unas entradas por un baile que daban en la ciudad del lado. Pasamos una gran tarde, cuando ella veía su pasión a lo grande, sus ojos le brillaban, deseaba cumplir su sueño, y que algún día se subiese a un escenario. Des de aquel día fui a sus entrenamientos, siempre que ella bailaba yo la grababa, mi plan era tan sencillo como hacer un vídeo y dárselo a unos representantes para una competición de ballet.

A las dos semanas, la llamaron, ella estaba fascinada, no podía creérselo, su felicidad era enorme. Empezó a entrenar más duro de lo habitual, quería sacar lo mejor de ella y saber que lo daría todo y más. Su esfuerzo y dedicación era increíble. Pero sin perder su sonrisa y esa felicidad, que ella siempre sentía, divirtiendo y amando su pasión.

Al fin llegó el gran día, le regale un vestido con su color favorito, pues ella siempre fue una gran hermana para mí, el foco le radiaba entonces, empezó a bailar, su sonrisa se dibujaba en su cara, bailaba mientras volaba en el aire.