Perdida en un laberinto

Recorría por un jardín donde trabajo, entre unos arbustos para recuperar el perro del dueño que por mi mala suerte había escapado hasta los arbustos que formaban un laberinto, del que no sabía si saldría de ahí. Cada vez que avanzaba sentía que más me adentraba, el perro ladraba y sentía que estaría cerca de encontrarlo, pero eso no fue mi suerte, cada vez los arbustos parecían muros enormes de los que no podría salir. Cansada después de varias horas, me acerque a los arbustos que tenía a mi derecha, subiendo como podía para tener una mejor visión de donde me encontraba, veía la casa, pero el perro ya no ladraba, alejándome de la salida fui adentrándome cada vez. La noche llegó, y aun no encontré el perro. Harta de los arbustos pensé en ir recto pasando entre ellos o soltándolas por encima como pudiese. Rompiéndome los pantalones que llevaba y el jersey. Perdida me encontraba. Al amanecer empecé a escuchar como gritaban mi nombre, era el dueño de la casa, buscándome, pues se imaginó que saldría tras el perro. En ese momento con una sonrisa en su rostro, me menciono que el perro sale antes de llegar al final. Y que es mejor esperarlo en la casa su regresó, me mostró la salida, y nunca más volví a entrar en aquel laberinto.