La habitación

Crecí, dormir, me vestí, todo en la misma habitación, junto a mi hermana mayor, sentía que había momentos en los que me observaban pero sola me encontraba, poco a poco las cosas empezaron a fluir; mi hermana yo hacíamos de vez en cuando una similitud de ouija pero sabiendo a quien hablábamos. Obteníamos respuestas, nos aclaraba las dudas un supuesto Dios del amor al que se llama Cupido. Él nos observaba, él sabía todo, según las decisiones que tu tomabas lo que podría ocurrir en un futuro. Era algo que hacíamos habitualmente, con tolo dos monedas de euro, un sí, un no o un tal vez, eran todas las respuestas que él nos permitía. Pasaron días y no infringimos las normas del juego, el término por irse. Y poco después supimos que en esa misma habitación antes de ser habitada por nuestra familia fue de una pareja a la cual ambos murieron, la mujer en el hospital y el marido en esa misma habitación, la misma hora y el mismo día, con la creencia de Dios, supimos que muchos espíritus se quedan atrapados, y hubo un tiempo en que las cosas desaprecian, la manta nos tapaba o destapaba, la presencia en algunas noches en mi cama, el ver figuras humanas paseando por los pasillos, nos acostumbramos a su presencia, ya que no nos hacía daño, y obedecía a mi madre, pues cuando cerrábamos la puerta, mi madre siempre decía que la quería abierta y sola se abría.