En mi interior

Quien no tiene una herida, esa que siempre supura, una y mil veces, y jamás logramos cerrar. Aprendemos a vivir con ella y a veces logramos olvidar que la tenemos, al menos durante unos instantes, pero ahí está, nunca desaparece del todo como una cicatriz, pero sin cerrarse, sólo te permite olvidar que está por un momento, pero cuando crees que se ha curado, te suelta una punzada, empieza a doler, mientras te daña, te recuerda que jamás sanará ni con el tiempo.... Simplemente vas envejeciendo con eso en tu interior, lleno de fuego...

Recordándote día tras día que hasta que no se cierre, hasta que no deje de doler, y el saber que jamás te dejará ser feliz.

Pero dime, ¿cómo pretendes sanarla si no la dejas?

La herida nunca va a sanar si no dejas de tocar el recuerdo, pero eso sí, antes de cerrar la herida, comprueba que no te has dejado el dolor dentro. Aunque una herida así, realmente nunca se cierra por completo...

Llega un día en el que miras atrás y ves que las cosas han cambiado, ya nada es como antes, no sabes si han cambiado para bien o para mal pero aquí estamos.

Te encuentras en medio de esta vida sin saber que pasará o que pudo haber pasado, haciéndote preguntas que nadie salvo el tiempo puede responder. Y en ese preciso momento donde por segundos te sientes ajeno a todo esto, ves la vida desde fuera y piensas muchas cosas, ninguna buena, es ese momento en el que no sabes si llorar o reír porque no sabes ni cómo te sientes.

Un día te sientes mejor que nunca y pareces ser el más feliz del mundo; mientras que otro te pasas el día con ganas de llorar, sientes que no pintas nada en este mundo y ves todo de color negro.

Pero ante todo recuerda: todo llega, todo pasa y todo acaba. Así que respira hondo, cierra los ojos y cuando los vuelvas a abrir, entre todo ese color negro, busca ese pequeño punto blanco. Aunque parezca imposible e inalcanzable algún día volverás a sonreír, volverás a ser feliz y dirás: por fin te encontré, por fin vi ese pequeño punto que nunca creí que vería.

Y será ahí cuando te des cuenta de que la vida es injusta pero que en algún momento te sentirás afortunado por estar en ella.

Y entonces la herida ya habrá sanado, mientras, junto a un bloqueo de pensamientos, recuerdos, el dolor de esa herida que siempre termino entre puntos suspensivos... Dejándome con el alma en derrota, en ese espiral, donde lo único que piensas es en no pensar, entonces decidí leer un libro, en la primera página ponía esta cita "un día le pregunte a la cebra: ¿Eres una cebra blanca con rayas negras o una cebra negra con rayas blancas? La cebra, mirándome me preguntó: ¿tú eres un hombre inquieto con momentos tranquilos o un hombre tranquilo con momentos de inquietud? ¿Eres un tipo descuidado de maneras ordenadas o un tipo ordenado de maneras descuidadas? ¿Eres un hombre feliz con momentos tristes o un hombre triste con momentos felices? nunca más le pregunte a la cebra sobre sus rayas. Shel Silverstein" En ese momento de reflexión, tuve que escribirlo, sentía, y pensaba que escribiéndolo podría responder, pero por mucho que lo intentase sigo sin saber que contestar...